LA AUTENTICIDAD

Cultivar la autenticidad es una invitación a volver a la simpleza de la congruencia, ya que interpretar un personaje frecuentemente requiere un importante gasto de energía y tiempo que, a la larga, nos va desgastando y transformando en quienes no somos.
Muy probablemente, cada uno de nosotros hemos estado en contextos donde se privilegia el mantener las apariencias sobre la autenticidad; en esos contextos podemos notar cómo esta actitud va generando un clima de malestar, apatía y poca fluidez, ya que el actuar desde el personaje hace que los demás también lo hagan, lo cual contribuye a que se genere un clima de falsedad. La práctica del ser auténtico, congruente y abierto en cambio, favorece relaciones más sanas, una mayor apertura a la expresión genuina de todo tipo de emociones, tanto a la alegría y el amor, así como a la expresión de emociones difíciles, como el miedo, la rabia, la vergüenza y la tristeza, en un contexto contenedor.

“Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es” – Sartre.

“Mantén tu corazón
claro y transparente
y nunca te verás limitado.
Un sólo pensamiento turbador
crea diez mil distracciones.
Deja que las mil cosas te cautiven
y andarás cada vez más perdido.
Qué doloroso ver a la gente
atados por sí mismos” – Ryokan.

Reflexión
No es muy difícil reconocer que la calidad de las relaciones que tenemos con los demás, sobre todo con quienes uno siente como más cercanos, es un reflejo de la calidad de la relación que uno tiene con uno mismo, y viceversa, el tipo de relación que uno sostenga con uno mismo y con la propia experiencia influye directamente en cómo nos relacionamos con los demás. Si me relaciono con mi propia experiencia desde una cierta amabilidad, comprensión, paciencia y humor, es muy probable que este modo de ser se irradie hacia la relación con los demás y que sea capaz de tratar a mis cercanos también con amabilidad y humor. Si, en cambio, mi “crítico interno” es insistente y cruel en su evaluación de mis experiencias como aceptables o inaceptables, es bastante probable que proyecte ese tono de evaluación y juicio en mi relación con los demás. He aquí la sabiduría de “la regla de oro” (tratar a los demás como deseas ser tratado) que está presente en la mayoría de las tradiciones de sabiduría del mundo, ya que el tratar a los otros con amor es un tipo de altruismo que en realidad trae felicidad al que lo practica, pues lo que sucede afuera es un espejo de lo que sucede adentro. 
Congruentemente, la autenticidad que cultivamos en nuestra relación con los demás refleja y nutre la autenticidad que manifestamos con nosotros mismos. A menudo nos podemos sumir en roles y estereotipos de quienes somos, perdiendo contacto con la chispa espontánea de nuestra verdadera presencia, nuestros verdaderos valores, intereses y maneras de sentir la existencia. Cuando esto pasa, nuestras relaciones se vuelven un poco más que intercambios semi-personales entre máscaras que se sostienen por comodidad, miedo, o simplemente por hábito. Como esto no es algo que suceda de un día para otro, la inautenticidad puede ser un fantasma sigiloso que se cuela en nuestras relaciones poco a poco: por ejemplo, en un inicio, puedes dejar de expresar tus sentimientos o pensamientos a tu pareja por temor a no ser comprendido/a o a ser juzgado/a, y ese silencio comienza a volverse hábito, hasta que tu verdad deja de ser visible hasta para ti mismo/a. Tal vez se establezcan rutinas de actividades distractoras (usualmente ligadas a algún tipo de consumo -comida, televisión, shopping, etc.) que hagan aun más difícil ver la autenticidad perdida. Pasado un tiempo, esa falta de autenticidad, ese negar lo que uno es realmente ante un otro, puede crear una distancia y un desconocimiento hacia uno mismo.
Como nuestras sociedades obsesionadas con la imagen no enfatizan la autenticidad como valor, pueden pasar años antes de que uno se dé cuenta que ha estado viviendo con poca autenticidad, y es usualmente frente al severo llamado de atención de la muerte (la propia muerte que se intuye cercana o la de un ser querido) cuando surge la pregunta fundamental: ¿Estoy viviendo mi propia vida realmente o estoy atrapado en pequeñas farsas cotidianas por miedo, conveniencia, o costumbre?
                                                              Pausa Mindfulness 

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