“El deseo de deshacerse del ego es muy diferente del proceso de dejar de identificarse con la ilusión socialmente condicionada de un yo egoísta…  Lo primero implica una batalla: el ego al tratar de matar al ego, al luchar contra el ego…   el ego gana!  Lo segundo implica soltar la ilusión de control; es el fin de la lucha, y el medio hacia ese fin es la consciencia».
(Cheri Huber)
Reflexión
A menudo pensamos y hablamos de desarrollo espiritual en términos de deshacerse, matar o trascender el ego. Al hacerlo, lo que inconscientemente sucede es que, llevando una metáfora marcial al área probablemente más delicada, ambigua y paradójica de nuestra vida -nuestra espiritualidad- generamos un clima de conflicto interno que crea oposición y tensión. Construimos una imagen reduccionista y estereotipada de lo que es nuestro ego, lo calificamos como nuestro enemigo, y emprendemos el muchas veces violento proyecto de vencer nuestras debilidades y hacernos mejores.
Pero en la idea de matar el ego, ¿quién mata a quién? ¿quién vence? ¿quién muere? ¿qué parte de uno es la que se quiere deshacer de otra parte? ¿Cuál es su motivación? Como señala la maestra zen Cheri Huber, hay dos cosas que podemos dar por seguras respecto al egocentrismo: Uno, que es un proceso muy astuto; dos, que su mayor función es sobrevivir. «El ego tomará cualquier cosa -CUALQUIERA- y la usará para sus propósitos, incluso la noción de matarse/disolverse/trascenderse/auto-aceptarse. Puedes ver el riesgo, espiritualmente hablando, de malinterpretar el ‘matar el ego'».
Complementario al riesgo de declarar una guerra interna, la metáfora de matar al ego trae consigo el problema de no apoyar la configuración y el establecimiento de un ego sano, lo cual es tremendamente importante para ‘funcionar’ en el mundo, y también de reproducir dinámicas relacionales destructivas, particularmente en el contexto de grupos religiosos o espirituales. Esto último es tremendamente relevante dado el alto número de víctimas de abuso religioso, el cual muchas veces es justificado desde la lógica de la obediencia a la autoridad, y la práctica de la humildad. Así, por ejemplo, la metáfora de trascender el ego tiene más sentido en el contexto de grupos privilegiados donde el narcicismo puede ser un obstáculo espiritual importante (hombres blancos, educados, adinerados, anglosajones), pero puede ser especialmente dañina para grupos que históricamente no han tenido suficiente poder y representación (mujeres, indígenas, personas de color, niños, minorías sexuales, etc.). Personalmente he visto cómo el discurso de «trascender el ego» y «estar en el aquí y en el ahora» ha sido utilizado para justificar abusos de poder y conductas sexuales problemáticas en grupos espirituales.
Seres humanos como la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Luther King Jr., Aung San Suu Kyi, Jesús, Buddha, entre otros, no se han caracterizado precisamente por tener un ego débil o muerto. Al contrario, sus personalidades han sido complejas y ricas, su voz única, y su presencia en el mundo llena de su propio estilo. Su aporte vino no de deshacerse del ego, sino de utilizarlo para el bien de todos, dejando de identificarse con él como algo que está separado de todo lo demás. Se necesita de un ego potente para expulsar a los mercaderes de la entrada de los templos…
                                                             Pausa Mindfulness

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